La paternidad parecía, hasta hace poco, inalcanzable o muy arriesgada para las personas con VIH, hepatitis B o C. Gracias a los avances de la medicina reproductiva y a protocolos especializados como el SPAR (Programa Especial de Reproducción Asistida), hoy se ha convertido en una realidad, con plena protección del niño, de la gestante y de los propios padres.
Esta información es válida para todas las formas de paternidad: se aplica por igual a los hombres solteros, a las parejas tradicionales, a las parejas del mismo sexo y a otras situaciones familiares. Con independencia de su punto de partida, el enfoque médico ante el VIH o la hepatitis sigue los mismos principios de seguridad. Si es un hombre soltero quien desea ser padre, puede combinar este protocolo con un programa de gestación subrogada para hombres solteros, adaptado a su situación concreta.
Cómo funciona
El VIH, la hepatitis B y la hepatitis C no son enfermedades genéticas: no se transmiten a través del ADN ni están presentes en el propio espermatozoide. El virus se encuentra en los fluidos corporales, lo que significa que el riesgo de transmisión puede eliminarse a nivel de laboratorio.
El esperma del futuro padre se somete a un proceso de lavado (lavado de esperma): los espermatozoides se separan del líquido seminal, que puede contener el virus. A continuación, la muestra se analiza para determinar la carga viral, y solo se utiliza para la fecundación el material con un resultado negativo o indetectable. El esperma ya lavado se congela para su uso posterior. Esto permite emplear el material genético de un hombre con una infección sin ningún riesgo de transmitir el virus.
Gestación subrogada para mujeres con una infección
En el caso de la mujer, la situación es más compleja. Cuando una mujer con una infección desea utilizar sus propios óvulos en el programa, surge un obstáculo de fondo: el óvulo es una célula de gran tamaño, rodeada de su propio microentorno (líquido folicular, células circundantes), del que el virus no puede eliminarse de forma fiable como sí ocurre con el líquido seminal. Todavía no existe un método validado para purificar los óvulos del virus.
Por eso el enfoque es distinto: un hombre con una infección puede convertirse en padre genético gracias al lavado del esperma, mientras que en el caso de una mujer aún no es posible utilizar de forma segura sus propios óvulos. En esa situación se recurre a un óvulo de una donante sana.
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